miércoles, 14 de febrero de 2007

El arte de ser plenamente humano

Hoy quiero regalarles un artículo del Dr. Amor me refiero a Leo Buscaglia, un hombre que ha llegado a mi, gracias a una amiga hace un par de años. Realmente nunca son de mi agrado estos tipos de libros que se encuentran calatogados como de autoayuda, pero en fin... luego de leerlo, y en el preciso momento pude darme cuenta de muchas cosas que estaba dejando de lado, y por eso cuando tuve la oprtunidad regale este libro "Vivir, Amar y Aprender" a un gran hombre que estaba pasando por un mal momento, y luego él me dijo que le había sido de mucha ayuda.
Entre los libros de autoayuda, desde chica siempre me gusto Jaime Barylko y gracias a Dios tuve la oprtunidad de escucharlo en un teatro con sólo 15 años y quede fascinada, tenia muchas ganas de escucharlo y realmente fue mejor que leerlo, a los pocos años fallece y yo recuerdo esa tarde en el patio de mi casa, cuando escuche la triste noticia por la radio. Tenia muchas ganas de volverlo a escuchar para comprenderlo y disfrutarlo más gracias a una mayor madures que no se compara cuando uno tiene solo 15 años, pero no fue posible.
Nunca lei a otro autor, nunca otro libro de autoayuda, siempre estuve en contra de este tipo de libros, salvo los de Jaime Barylko, hasta que conocí a Leo Buscaglia, y también supe que era otra excepción entre los malos libros de autoayuda, recuerdo graciosamente que cuando me hablaron de Leo Buscaglia, lo confundí con un cantante uruguayo que posee el mismo apellido pero este se llama Martín.
Me preocupa siempre un poco por dónde empezar porque sé que algunos de ustedes han leído mis libros dado que me han escrito cartas maravillosas, o han visto videos de mis conferencias, y conocen bastante bien mis temas habituales. Otros, como no podía ser de otra manera, no tienen idea de quien soy. Eso también es bueno porque podremos llegar a conocernos esta noche.
Esta noche quiero referirme a un tema que me apasiona: el arte (sí, literalmente el arte) de ser plenamente humano. Nose lo que piensan ustedes, pero a mí me atrae muchísimo la idea de que soy humano y tengo todo el potencial de serlo.
Recuerdo que en una ocasión me impresionó terriblemente algo que leí en un libro de Haim Ginott. Es algo muy conmovedor, escrito por una directora de escuela, que se lo entregó a Ginott:

Soy sobreviviente de un campo de concentración. Mis ojos vieron cosas que ninguna persona debería presenciar. Cámaras de gas construidas por ingenieros de verdad. Niños envenenados por médicos. Infantes muertos por enfermeras diplomadas. Mujeres y bebés asesinados por egresados secundarios y universitarios. Por eso desconfío mucho de la educación. Mi pedido es: ayude a sus alumnos a ser humanos. Sus esfuerzos nunca deben producir monstruos eruditos o psicópatas educados. La lectura, la escritura, la ortografía, la historia y la aritmética sólo son importantes si sirven para que nuestros alumnos sean más humanos.

¿Saben lo que pienso? Enseñamos todo tipo de cosas a la gente, salvo lo esencial, que es la vida. Nadie nos enseña nada sobre la vida. Se supone que uno debe saberlo. Nadie nos enseña cómo ser humanos, y qué significa esto, y la dignidad implícita en la afirmación: “Soy un ser humano”. Todos dan por sentado que es algo que deberíamos haber adquirido por ósmosis. Pero esto no se aprende por ósmosis.
Me gusta participar de paneles porque me encuentro con bellísimas personas. Todo el mundo busca las definiciones ¿No les resulta interesante? “Doctor Buscaglia, ¿puede usted definir el amor?” Y yo respondo: “En absoluto. Pero sí trato de vivirlo”.
Es sumamente difícil porque se trata de un concepto muy amplio. Cuanto más vivo en la alegría y la belleza, mejor soy como persona. Cada día amo más y mejor. Y definir esto, sería ponerle un límite. Pero al menos, tengo una idea de hasta dónde he llegado esta marcha. También sé, sin embargo, que sintiendo mi mano, cualquiera podría darme nuevas definiciones, nuevos aportes, y juntos podríamos crecer.
Talvez haya dos mil concurrentes aquí esta noche. Todos ustedes han conocido la soledad, la desesperanza, ni uno sólo ha dejado de llorar. ¿No es maravilloso? Pero al mismo tiempo, no, hay muchos que no hayan reído o conocido la felicidad. Somos semejantes porque yo también he vivido esas experiencias, y estamos todos dedicados a la misma lucha: llegar a ser totalmente humanos. ¡Qué magnífica meta nos hemos propuesto!
Para mí, probablemente lo más emocionante del mundo es tomar conciencia de que tengo la posibilidad de ser totalmente humano. No puedo ser un dios, pero sí puedo ser cabalmente humano. Quisiera referirme a algunas de las cosas que considero esenciales para convertirse en un ser humano pleno.
Si no poseo sabiduría sólo puedo enseñar mi ignorancia. Si no poseo alegría sólo puedo enseñar la desesperanza. Si no tengo libertad sólo puedo encerrar en jaulas. Pero puedo entregar todo lo que tengo. Ése es el único motivo para tenerlo.
Cada uno es esa mágica combinación que jamás volverá a repetirse, y no importa quién sea, cuán entusiasmado o deprimido se sienta. Todo lo propio es algo único y especial. ¡Ojalá supiésemos transmitirle esto a los niños pequeños para que no demoren una vida entera en averiguarlo! Hay un mundo único para compartir.
Los que se han dedicado a estudiar la percepción saben que cada uno ve al mundo de modo diferente. Sin embargo, se trata del mismo mundo. No observamos un árbol de la misma forma, pero es siempre el mismo árbol de la misma forma, pero es el mismo árbol. ¿No sería magnífico que pudiésemos compartir ese árbol y verlo de dos diferentes maneras? A menos que cada uno asuma su responsabilidad, jamás se completará el dibujo. Yo nunca veré el árbol de los demás, y estoy convencido de que aún sufrimos desdicha, desesperación, angustia y todas esas cosas porque la gente no comparte sus mundos.
Erich Fromm afirma que lo más lamentablemente de la vida actual es que la mayoría de nosotros morimos sin haber nacido realmente. ¡No te pierdas a ti mismo! Elizabeth Kübler-Ross sostiene que los que gritan más en el lecho de muerte son los que nunca han vivido. Ham sido observadores de la vida, sin tomar parte activa en ella. No han corrido riesgos. Se pararon siempre a un costado.
Cada vez que le tendemos la mano a alguien existe el peligro de que nos abofeteen. Pero existe también la posibilidad de que alguien se nos acerque y nos acaricie con amor.
Una de las cosas más bonitas que he presenciado sucedió en un parque. Había una pareja que se había hecho de tiempo en sus horarios enloquecidos de cosas importantes para llevar a su hijito al parque. El niño se encaminaba hacia el lago. El papá fue a detenerlo. La madre, que debe de haber sido una persona inteligente y llena de amor, lo tomó del brazo y le dijo que lo dejara. Y allí partió la criatura con paso vacilante pues se notaba que apenas sabía andar. La historia tiene un final feliz: el niño no se ahogó. Estoy seguro de que el corazón de la madre latía con fuerza. Pero toda maduración implica un riesgo.
Debemos regresar a ese punto de nuestra infancia donde todo el mundo era un gigantesco misterio que había que descifrar. Siempre me digo: “Quiero saberlo todo. Quiero sentir, tocar, saborear y comprender todo, y como no hay tiempo en la vida, es preciso hacerlo ahora”.
Mis alumnos suelen decir: “Cuando termine los estudios tendré tiempo para leer”. Yo les respondo: ¡No lo harás! Si no lees ahora, nunca vas a leer.
Por eso, debemos recordar que todo comienza con nosotros, y que no podemos alegrarnos con nadie en este mundo si no estamos felices con nosotros mismos. ¡Con todas nuestras locuras y olvidos! Incluso con la capacidad de hacer daño.
Uno de los mayores atributos del ser humano es la capacidad de perdonar. “Te perdono por ser algo menos que perfecto” Exijamos que todos sean perfectos el día que uno también lo sea. ¡Así estaremos todos seguros! Que cada uno se celebre a sí mismo, con alegría y admiración y, al mismo tiempo, a los demás.
Un día iba yo caminando junto al rió cuando vi. un viejecito sin dientes, y realmente muy sucio para nosotros que somos tan limpios. El hombre bebía una botella de vino barato, comía un trozo de queso y ostentaba una amplia sonrisa en el rostro. Cuando pasaba a su lado, me dijo: “Buen día, hijo”. Cualquiera que me llame “hijo” es mi amigo. Me senté entonces con él y comenzamos a hablar. Compartimos el vino, el queso y la charla. Y le dije: “se lo ve tan feliz, tan satisfecho. ¿Tiene algún secreto para la felicidad?” Sin dudarlo un instante me respondió: “Por supuesto que sí”. “¿No me lo diría?” “Desde luego, hijo. Si quieres ser feliz toda su vida, mantén siempre tu mente llena y tus intestinos vacíos”. ¡Eso sí que es sabiduría! ¡Y nadie lo invitó a él a una reunión de cerebros! Tendrían que haberlo llamado.
Creo firmemente que esta magnífica condición de humanos, con toda su maravilla, es el regalo que nos hace Dios. Y lo que hagamos con ella será nuestra ofrenda al Todopoderoso. No se contenten con algo menos que ofrendarle a Dios el perfecto regalo que son. Y disfruten haciéndolo. Gracias.

1 comentario:

Carlos Hector Corres Perales dijo...

gran fragmento.... mucha reflexión acerca de como a cada paso generacional nos olvidamos de nuestra humanidad y lo fácil que seria tomar 5 minutos para volver a pensar en nosotros como seres humanos